Las Batallas por la Verdad

Por Javier de Rivera

El escenario mediático que se ha abierto con la proliferación de los blogs y sobre todo con Twitter, servicio de microblogging que dinamiza al extremo la difusión multidireccional de información, genera un nuevo tipo de fenómeno socio-cultural.

Me gustaría bautizarlo como “Las Guerras Clon” en referencia a la famosa película de Star Wars. Primero, porque al igual que en aquella película, en el nuevo sistema global las cosas no son nunca como parecen: la verdad se hace más escurridiza a medida que la sociedad se hace más compleja.
Y segundo porque en Twitter y los blogs la información se mueve por replicación de memes, por clonación de opiniones que hace, en cierta medida, que los actores de la contienda sean un poco como los guerreros clon de la saga… sujetos a los mandatos del flujo de información.

En lo concreto, no pretendo sugerir que los llamados ‘indignados’ sean clones que sirvan a intereses ocultos, no soy tan ‘aventurero’. Y en general me parece esperanzador el nuevo resurgir de los movimientos sociales que se nutre de las posibilidades comunicativas de los Social Media, pero mi postura (extra)crítica me obliga a mantener cierta (pretensión de) imparcialidad.

Con el concepto de Clon mediático me refiero más bien a la figura general del “opinador amateur” en Redes sociales y en Twitter en particular. A cómo nos inflamamos con las noticias que nos llegan y cómo reproducimos, a veces airadamente, opiniones. Algo que insufla cierto populismo a las nuevas revueltas de opinión de Twitter, como aquel famoso (y trivial) tema de los vuelos en primera clase de los Eurodiputados (lanzado desde abajo) o el linchamiento mediático de los controladores aéreos (lanzado desde arriba).

Pero no es de las Guerras Clon de lo que quiero habla ahora, sino de las Batallas por la Verdad que son la sal y la vida de las nuevas guerras virtuales de opinión. Porque detrás de todas las opiniones airadas y más o menos (des)informadas, que se rigen más por el prejuicio (literalmente: juzgar sin conocer) que por la investigación rigurosa, lo que se pone en cuestión es la definición de la verdad.

La VERDAD con mayúsculas puede ser un concepto filosófico inalcanzable, sujeto a interpretaciones y a la barrera insalvable de la subjetividad, pero la verdad de los hechos es algo más sencillo: tan sólo hacen falta datos fiables y ausencia de prejuicios y sesgos ideológicos.

Los medios de comunicación tradicionales reclaman con frecuencia su función de ‘transmisores fiables de la información’ de lo sucedido, son profesionales, conocen el trabajo, saben investigar y saben informarse. Pero se critica aún con mayor frecuencia su falta de impacialidad, puesto que dependen de intereses económicos, políticos, institucionales, etc. que en ocasiones afectan gravemente a su imparcialidad, e incluso les lleva a manipular informaciones o a esconder determinados discursos del gran público.

De modo que no podemos creernos a pies puntillas las versiones oficiales de los grandes medios, y por otro lado, el periodismo ciudadano tiene muchas carencias, principalmente la multiplicidad de informantes y, en muchas ocasiones, la falta de preparación de los mismos. Por eso, se hace necesario un nuevo tipo de periodismo que, no sé si será posible, combine la independencia institucional con la calidad profesional.

Para buscar la verdad no queda otra opción que investigar, algo que no está al alcance de la mayoría de la gente y que muy pocos saben hacer bien, con la rigurosidad y exhaustividad necesarias. Ir a las fuentes primarias requiere una dedicación muy difícil de alcanzar para el amateur, a no ser que esté organizado y en colaboración con otros. Si dependemos de las fuentes secundarias, lo que dicen otros que sucedió, tenemos que triangular constantemente la información, comparar, contrastar (que no es lo mismo que comprobar) y muy especialmente, hacer inferencias intuitivas que regulen el sesgo del informante.

Por ejemplo, si los manifestantes de Barcelona dicen que fue la policía infiltrada la que generó episodios violentos (el clásico de que son los policías los que ‘revientan’ las manifestaciones para poder cargar y dispersar), tenemos que imaginarnos cómo de fiables son sus testimonios… y si están basados en observación directa o en lo que les han contado (como aquello de la mermelada y Ricky Martin en un armario que había quien “lo había visto de verdad”). Vamos que podemos creer o no creer, pero realmente no tenemos prueba de nada, ni contamos con informantes garantizados, que es lo que deberían ser los actuales periodistas.

Esa es la cuestión… que al final, la opinión pública descansa sobre creencias e inferencias de información más o menos audaces sobre lo que sucede. Pensamos lo que nos cuadra y lo que no nos cuadra, pero no podemos ‘consensuar’ lo que pasó como algo fehaciente y a prueba de dudas.

Yo tengo mi versión de casi todo lo que sucede, por supuesto, y la considero una versión madura, lógica, estudiada, meditada… vamos, la caña. Pero no vale de nada si no la puedo ‘demostrar’ y si no la puedo comunicar y compartir como algo verídico, más allá de mi opinión.

Y es que, en cualquier caso, hasta la investigación más rigurosa y exhaustiva depende de la veracidad que otorguemos al informante… es una cuestión de confianza. Algo que sólo se puede superar si el ‘peso de la verdad’ deja de recaer tanto en el informante, el experto, el profesional, el periodista y pasa, en parte, a la propia información y la forma en que fluye: que la rigurosidad descanse en la red de comunicación y no tanto en los nodos, como sucedió con la falsa foto del cadaver de Osama Bin Laden.

Igual, si se extienden protocolos y formas de pensar que priorizan la búsqueda de pruebas y el compromiso con la verdad de los hechos (no con la que nos gustaría creer) podamos mejorar en este sentido.

Algunos ejemplos para lograr esto:

- Contrastar hechos en la medida de lo posible, con una búsqueda online.
- Evitar que las cosas nos inflamen, pensar con calma.
- No dar bola a informaciones con lenguaje tendencioso, como “la maldita policía” ha hecho tal cosa.
- Buscar las fuentes: quien dijo qué y donde.

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el sujeto colectivo y la segunda sociología de las redes sociales

Este blog comenzó por una yuxtaposición de dos conceptos: sociología y redes sociales, el fenómeno emergente del momento (2010). Tras una primera etapa terminé enunciando la necesidad de una Sociología de las Redes sociales, entendida como la necesidad de aplicar el análisis sociológico a lo que estaba sucediendo en estas nuevas plataformas digitales de interacción social masiva y multidireccional.

La primera etapa del trabajo comenzó ‘tonteando’ con las ideas que se enunciaban desde el marketing de las Redes sociales, pues el inteŕes de mercado es siempre el primero en colonizar los nuevos espacios con teorías, análisis e interpretaciones. La aportación crítica de Juan Faerman también representó en este momento una influencia bastante importante… pues el humor es siempre útil como lanzadera improvisada para la cítica del poder. (Si, ese programa de Buenafuente en el que Joan Jimenez y Juan Faerman protagonizaron una entrevista conjunta sobre redes sociales representa muy bien esas dos influencias tan opuestas sobre el fenómeno).

A partir de ahí, el trabajo fue avanzando poco a poco… hacia la investigación del modo en que las Redes sociales afectaban a las formas de relación social. Cómo camabiaba nuestra percepción de nosotros mismos, la percepción de los demás, cómo se conformaban las nuevas identidades, cómo tenían lugar la conversaciones online, y porqué… qué significaban “los amigos”, etc.

En torno al concepto de Marca Personal (a la crítica del concepto) y al análisis de las ‘nuevas formas de relación social’ surgieron varios conceptos interesantes, como la “hiperconectividad social abierta”, eso de mantener comunicaciones ‘personales’ en una plataforma-red que te permite presentarlas como comunicación pública (quedar con una amigo en su muro, comentar tu estado de ánimo en tu muro, subir las fotos de tu nueva casa, etc.); o como la hipersocialización (de Juan Boronat) que representa la vinculación entre la realidad física y la virtual; la mercantilización de las relaciones personales, el nuevo ‘darwinismo’ digital, la hibridación entre la identidad digital y la personal, la tipología de usuarios de redes sociales, etc, etc.

En fin, todo lo relacionado con el proceso de socialización tecnológica, el aprendizaje y la interiorización de las nuevas herramientas de comunicación social, así como el mismo proceso de relacionarse por mediación de la tecnología.

Ahora, conforme al signo de los tiempos que se mueven a marchas forzadas, ha emergido, de la mano de los movimientos sociales, un nuevo elemento en relación a las redes: el Sujeto colectivo.

Iniciativas como Juventud Sin Futuro y Democracia Real Ya, preparadas desde fuera de las Redes han sabido utilizarlas para difundir su mensaje crítico que ha eclosionado en el Movimiento del 15 de Mayo y en la ola de asamblearismo de nuevo cuño que favorece la aparición mantenida de sujetos colectivos. Ahora, las Redes sociales ya no se ven como el lugar donde ‘expresar mi identidad’, favorecer mi vida social, etc. sino como el medio donde participar de la discusión pública, donde converger con otros en el desarrollo de este sujeto colectivo (el Patio lo llaman en Twitter), donde el individuo ya no se acantona en su individualidad expresiva, sino que, gracias a un exceso de ésta, la comunicación constante le lleva a difuminarse en este sujeto colectivo.

Los blogs y  más tarde los perfiles de las Redes sociales se han visto tradicionalmente como plataformas para la virtualización del ego que potencian el narcisismo comunicacional. En nuestro blog y en nuestra cuenta de Twitter evangelizamos al mundo con nuestras opiniones, equiparables a las de cualquier experto… y en la multiplicación de estos expertos amateurs se difumina la expertise y el sujeto (individual) toma consciencia de su nadidad, de su poca importancia en el mar infinito de la información virtual…y del mundo.

La crisis global - crisis financiera en lo económico, crisis de representatividad en lo político y crisis de sentido en lo cultural – también ha servido para potenciar esta sensación de incapacidad del sujeto individual y necesidad de pertenencia al sujeto colectivo para recuperar el espacio público. Si, el enigmático “yo sólo no puedo, con amigos sí” que nos enseño la posmoderna Bola de Cristal ha vuelto con renovada fuerza… (mientras Alaska juega con su marido a visitar tiendas caras de moda superflua, las perlas mágicas que nos dejó cuando rompió la Bola han eclosionado).

Esta emergencia del sujeto colectivo, o su recuperación, hace necesaria una segunda sociología de las Redes sociales, que conecte más con el acontecer histórico-social y con los principales problemas sociales ahora imprimados por la nueva revolucion tecnológica (Informacional según Castells), para superar la estrechez de miras del concepto cerrado de ¿”cómo nos relacionamos” con estas nuevas herramientas? para cuestionar la realidad social misma.

Así, ya no nos fijamos en los procesos de socialización tecnológica, lo que la sociedad y cada uno de nosotros tiene que aprender para integrarse en el nuevo panorama tecnológico, sino en la Digitalización social, es decir, en el proceso de aplicación masiva de las tecnologías de la información sobre la realidad social… la transferencia de esta realidad social a parámetros digitales y en cómo este proceso arroja nueva luz sobre lo que somos como sociedad y el modo en que estamos construyendo (y digitalizando) nuestras vidas.

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Los problemas de analizar la Sociedad Digital

Por Javier de Rivera

El principal problema al que se enfrenta el estudio sociológico de la realidad social-digital es la rapidez con la que suceden las cosas en este ámbito, tanto más si el estudio de centra en los movimientos sociales en una época tan confusa como la actual.

El estudio de la Sociedad Digital nos obliga a relacionar lo que sucede en la Red con el contexto general de la sociedad: la economía, la política y sobre todo, los cambios culturales. Movimientos como el 15M o Anonymous muestran la voluntad social de influir en la estructura del sistema, de crear cambios o mejor dicho, de resistir a las tendencias promocionadas desde las esferas de poder (político o económico). Es menos complejo actuar y participar de estos movimientos que analizarlos desde una distancia “profesional” (que implica cierta imparcialidad) y en relación a una perspectiva general de los acontecimientos

(Imparcialidad que no se refiere a “objetividad”, sino a no tomar partido a priori, a mantener una distancia profesional ante los acontecimientos. Lo cual no quita para tener una opinión propia, el punto de vista siempre es subjetivo, sino que se trata de abrir la perspectiva para representar mejor todo el panorama y reducir el sesgo personal. Un sesgo que siempre está presente y que también se puede neutralizar o justificar alegando de entrada desde qué lugar y con qué intereses se investigar)

Esta neutralidad precisa de una observación tranquila y un ejercicio analítico que no es posible hacer al vuelo, precisa de ‘pruebas’, comparaciones, análisis, lecturas de fondo, etc. Por eso es bastante frustrante ver cómo el mundo corre trepidantemente hacia horizontes inciertos, mientras a penas tienes tiempo de procesar todo el material que se produce y menos aún de aportar visiones o interpretaciones que arrojen cierta luz sobre lo que está pasando.

Las luchas sociales están muy encarnizadas hoy en día, porque la gente tiene la sensación de que los poderes financieros nos están robando y de que los países soberanos están en manos de la especulación financiera. Ante eso, las movilizaciones sociales no tienen tiempo para complejos análisis y teorías de la acción social, sino para la acción social en sí misma.

En este contexto, la Sociedad Digital y las Redes sociales digitales juegan un importante papel al configurar un nuevo ecosistema mediático, donde la información se mueve más rápido y de forma más horizontal y multidimensional. Los discursos de denuncia del sistema no tienen porqué pasar por consejos editoriales de los grandes medios, se distribuyen en red, viralmente. Y éstos, los grandes medios, no tienen otra opción que captar esos discursos e integrarlos en sus líneas editoriales… su público busca esos contenidos, los quiere y si ellos no quieren perderlos como público, tienen que dárselos.

La actual denuncia generalizada de la brutalidad policial y la corrupción sistémica (no la de trajes regalados, sino la de las deudas nacionales) choca con el interés de una ciudadanía adormilada, controlada y temorosa. A nivel mediático, se está produciendo una autentica revolución de los discursos descriptivos de la realidad social, que no lleva una “crisis de representatividad” en los gobiernos democráticos occidentales. Una situación difícilmente sostenible de cara al futuro de la sociedad mundial.

Y como contexto de fondo está el proceso de digitalización de la sociedad (objeto de estudio en el proyecto de este blog), que por un lado es la causante de esta revolución mediática al permitir a todos participar, y por otro lado implica un mayor control social, con miles de datos sobre quien dice qué. La identificación de los usuarios, la privacidad y el anonimato son las cuestiones más importantes en esta tensión entre la libertad de hablar y el miedo a ser identificado (y potencialmente reprimido).

El colectivo Juventud Sin Futuro abrió la veda para una participación más activa al declarar la consigna “sin miedo” estandarte principal de su movimiento, asumido después por Democracia Real Ya y por el Movimiento 15M. El miedo como elemento de control (auto-control y auto-censura) quedaba así neutralizado. Por su parte, otros movimientos como Anonymous declaran la presión social desde el anonimato como método de resistencia hipermoderno, ganadose un halo de ‘ilegalidad’ que los poderes fácticos no han dudado en aprovechar.

Como veis, es un objeto de estudio complicado, por la multiplicidad de actores y de elementos en juego, y sobre todo porque se trata de fenómenos vivos en constante movimiento.

Al principio, cuando empecé este blog y este proyecto de investigación todo estaba centrado en “las nuevas formas de relación en las Redes sociales digitales”, en cómo cambiaban los conceptos de amistad y de identidad (personal y digital), y en cómo las plataformas digitales se constituían como nuevas instituciones sociales que mediaban en las formas de relación social.

Ahora, la ebullición de movimientos sociales y de nuevos actores requiere un plantemiento más amplio y complejo. Pero éste es un reto aún más interesante.

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Teknokultura: Revista de Cultura digital y Movimientos sociales

Teknokultura: Revista de Cultura Digital y Movimientos Sociales se resiste a la asimilación de los estudios  sociales de la tecnología y la cibercultura por sectores hegemónicos y, por tanto, a que se relegue a grupos y colectivos que apuestan por modos distintos de producción y colectivización del capital cultural. Al igual que un laboratorio de experimentación – hacklab – , Teknokultura reúne esfuerzos colectivos con el propósito de profundizar en contenciosos tecnosociales, posicionarse ante los mismos e incitar “participaciones aumentadas”.

Este mes de Julio de 2011 se ha vuelto a editar la Revista Teknokultura por parte del grupo de investigadores Cibersomosaguas de la Universidad Complutense de Madrid.

En este primer número se presenta la nueva etapa de la revista (P. Cabello y R. Heiber) y sus editores explican las claves de su relanzamiento (A. Gordo y I. Sábada). Cuenta con 2 artículos en torno al concepto del Cyborg, de la mano de Steven Mentor y Chris Hables Gray. Y con una reflexión sobre los “artefactos tecnológicos” de Andrés Gómez Seguel.

En la sección de entrevistas, Heidi Figueroa-Sarriera, fundadora de la revista, profundiza en la historia de la revista y en la importancia de ahondar la investigación sobre nuevas tecnologías, que se actualiza en esta nueva etapa de cara a los cambios tecno-culturales que se producen cada vez más rápido.

Por último, en la sección de artículos cortos contamos con reflexiones a (des)propósito de 4 de los temas más interesantes de los últimos tiempos: Wikileaks (A. Lomeña), las Revoluciones árabes (J. de Rivera), la Ley Sinde (A. García) y la Tercera cultura (A. Gordo).


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Comunicación, activismo y adicción mediática: el desalojo de #acampadabcn

Por Javier de Rivera

Hoy me he levantado como cualquier día, he desayunado viendo a @AnaPastor_tve. Luego he encendido el ordenador para trabajar y he entrado en twitter, principalmente para ver los replies de la noche anterior, tomar un poco la tensión a la actualidad y tuitear algún post interesante. Entonces me ha sorprendido el desaolojo de #acampadabcn, las protestas contra la brutalidad policial y la cobertura en directo de @EspejoPublico… 4 horas después, escribo este post.

4 horas absorto ante el ordenador, buscando información, retuiteando, opinando sobre ‘la actualidad’… sintiendo que formo parte de ella, que ayudo a que se difunda y que colaboro en la protesta e indignación ciudadana contra la brutalidad policial.

Las imágenes han sido muy claras y no daban lugar a dudas. Golpear a alguien en el suelo con desprecio como si fuera un saco, no es algo aceptable para nadie. Esas imágenes nos han llegado por 2 razones: una de ellas es que @EspejoPublico las estaba ofreciendo y criticando en directo, y otra es que la gente las sube a Youtube y Flickr, por lo que los medios se ven casi obligados a darles paso… es imposible contener los hechos.

Como dice Dan Gillmor, el periodismo ciudadano hoy en día es ubicuo, en todas partes hay una cámara para denunciar lo que es denunciable. Y las Redes sociales, son el mecanismo de distribución alternativo y descentralizado para difundir esa información. Nadie que estuviera en Twitter en España ha podido evitar ver la noticia.

Sigo insistiendo en que las Redes sociales de Internet, en especial las Redes comerciales, no son instrumentos que promuevan la democracia y la libertad por sí mismos… Son instrumentos de “periodismo ciudadano”, medios de comunicación ubicuos – multilarales y multidireccionales – pero no fomentan formas de organizarse, porque una cosa es convocar una concentración y pedir resistencia pacífica, y otra es organizar a gupos grandes de personas para “consensuar” opiniones o acciones.

(Consensuar es la palabra clave en las Asambleas populares que están teniendo lugar por toda España, y es algo para lo que las RSI actuales aún no sirven… la organización sigue dependiendo del contacto físico y de la voluntad de dialogar y establecer acuerdos).

Las Redes sociales como instrumentos de periodismo (ciudadano) y de comunicación social (multidireccional) tienen una gran importancia en la sociedad democrática y liberal (en el sentido político de “libertades y derechos”); al igual que la siguen teniendo los medios de comunicación tradicionales.

En resumen, la influencia de las Redes sociales en los nuevos movimientos sociales es análoga a la de los Medios de comunicación tradicionales en la política oficial. Es importante, pero no lo es todo.

Sin embargo, ese involucrar a la gente con la difusión de comunicación social hace que se sientan más absortos con la actualidad, participen más de ella, les influya más, se impliquen más; porque ya no sólo son capaces de acceder a la información más directa en tiempo real, sino que también pueden opinar e influir en el debate, y eso es muy tentador y muy absorvente.

Por eso, hablo de #MediaAdictos para referirme a todos los que estamos pegados del Twitter y de los noticieros, porque sea que tengamos interés profesional o no, la actualidad no absorve, nos fagocita… con las repercusiones que esto pueda tener en la vida personal y privada de cada uno.

Por otro lado, esta adicción o adhesión a la actualidad hace que “la cosa pública” vuelva a estar en boca de todos, antes no discutíamos públicamente porque no había medios para ello… las cosas pasaban y ya está. Ahora todo el mundo puede tener acceso a opiniones e información y responder con sus propias opiniones e informaciones…

Mi conclusión es ambigua, como ya se ha podido intuir: de un lado, invertimos más vida en alimentar la agenda mediática; de otro lado, también así se recupera ‘la experiencia pública”.

¿Cuál será el enfoque más adecuado?

Nota: Ultimamente, me está gustando esto de despedirme con una pregunta. Gracias por leerme.

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La realidad social es virtual

Viendo este vídeo de 0100101110101101.org de net-art performativo me he dado cuenta de que representa un claro ejemplo de ‘la naturaleza virtual de la realidad social’. Suena complicado, ¿verdad?

Freedom from Eva and Franco Mattes aka 01.ORG on Vimeo.

El vídeo se llama “freedom”. Es una grabación de pantalla del juego Counter Strike on-line, en el que se recrea el enfrentamiento armado entre terroristas y contraterroristas. El artista entra en el personaje de un terrorista, pero en vez de correr y disparar, se mantiene quieto y, utilizando el chat del juego, se presenta como ‘artista’ y pide a los demás jugadores que, por favor, no le maten, que está haciendo arte.

Los jugadores le eliminan sin compasión una y otra vez. Aunque poco a poco van captando el mensaje del ‘bicho raro’ al que responden con cosas como “esto no es para ti, vete a pintar cuadros” o simplemente se mofan de él antes o después de ‘eliminarle’. En algunos casos se pueden oír las voces y risas de los que utilizan el canal de voz, mientras que el artista (que por cierto es una mujer) se limita al chat escrito.

En un momento determinado, el artista intenta interpelar más a los jugadores y les pregunta “¿por qué estamos luchando?”, a lo que un contraterrorista le responde: “freedom” (libertad), justo antes de matarle… ¿os recuerda a algo?

El objetivo de la performance es crear una brecha en el ‘marco de referencia’ (frame) del juego, comportándose según otros patrones diferentes a los que se dan por supuestos en ese entorno. Por eso, al actitud del artista puede resultar absurda o ridícula para los otros jugadores que responden disparando sin más, o maltratando al personaje: No querer ‘jugar’ no te saca del juego, porque los otros seguirán aplicándote las normas del juego, he incluso aprovecharán su posición de ventaja.

Lo más llamativo es el realismo de las respuestas de los otros jugadores, que actúan de modos que podrían perfectamente suceder en un entorno real de violencia, donde se pierde el respeto por la gente pacífica. Este realismo es aún mayor en el caso del jugador contraterrorista que interioriza metafóricamente el objetivo del juego: luchar por la libertad, matar al terrorista.

En ocasiones, también los propios compañeros (terroristas) le atacan, pero las normas del juego no permiten el “fuego amigo”, por lo que tienen que limitarse a invitarle a salir del juego: “este sitio no es para tí, vete a pintar”

En fin, en el entorno simulado se reproducen toda una serie de comportamientos que casan con lo que sucedería en un entorno real de características similares. Lo que me recuerda al experimento de la Cárcel de Standford del doctor Zimbardo, dónde se simuló una cárcel subterránea en el campus universitario y se llenó con estudiantes voluntarios, a los que se dividía aleatoriamente entre carceleros y prisioneros. El experimento tuvo que pararse de forma precipitada porque, al poco tiempo de estar en el nuevo ambiente, los estudiantes se metieron tanto en el papel que llegaron a producirse episodios violentos de represión y motines.

Nuestro comportamiento y nuestra realidad depende del marco de referencia (frame) en que nos encontramos. Y este marco o “definición de la situación” es el resultado de la proyección que los participantes hacen de sus propias ideas, deseos, creencias, etc. sobre un escenario dado. Poco importa que ese escenario sea virtual (el juego) o físico (la cárcel) porque su valor es fundamentalmente simbólico: consiste en unos roles y unas reglas de juego determinadas, cuya validez y sentido depende de la vida que le imbuyan los participantes.

En definitiva, la realidad social es virtual porque es el resultado de la proyección colectiva creencias, deseos, esperanzas, etc, que confluyen en un escenario determinado en el que se definen ciertos roles y reglas, cuya validez sólo subsiste por la aceptación de los participantes. Esta confluencia de perspectivas comunes en un mismo espacio hace que cristalice (se haga sólido… real) una determinada definición de la situación, es decir, un marco de referencia desde el que parece que nuestras acciones tienen sentido…

¿A qué jugamos?

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Las Redes sociales: terminología en torno al fenómeno

Hace tiempo destacaba la diferencia entre las “redes sociales” como concepto sociológico que se refiere a las estructuras de relaciones que nos definen y nos construyen como sujetos, y las “redes sociales” como el nuevo fenómeno de las plataformas de comunicación en red, tipo Facebook o Twitter.

En base a esta diferencia, acuñaba el acrónimo RSI para hablar de las Redes Sociales de Internet y diferenciarlas de las redes sociales normales. Investigando la terminología en inglés, descubrí que los anglosajones hablan de Social Networking Services, algo que en español se traduciría por Servicos para crear redes sociales, o más sencillamente: Servicios de Red Social (SRS). Éste concepto es mucho más descriptivo y técnicamente más correcto para referirse a estas plataformas digitales que, después de todo, son herramientas que sólo cobran vida cuando las llenamos de contenido.

Sin embargo, en la práctica lo más común es hablar tan sólo de “Redes sociales” para referirse a este nuevo fenómeno, identificando la plataforma digital con los vínculos y las relaciones que se establecen en ellas. A propósito de esto, argumentaba que este mecanismo funciona como una forma de legitimación o naturalización de la función relacional de estas plataformas… es decir, que nos acostumbrábamos a pensar que nuestras redes de relaciones sólo existen y se materializan a través de estas herramientas digitales.

Esto, unido a la omnipresencia mediática del término “redes sociales” me hacia pensar en la necesidad de establecer una diferencia que definiera el lugar específico de este fenómeno: Internet. De ahí, el nombre Redes Sociales de Internet. Además, el recurso al acrónimo (necesario cuando hay que referirse a un concepto muchas veces en un mismo texto) de RSI remarca el carácter tecnológico y ‘sintético’ de este nuevo fenómeno.

A modo de esquema:

Las redes sociales son las estructuras básicas de relaciones por medio de las que se desarrolla nuestra subjetividad. (Para los que no son duchos en Ciencias Sociales: lo que somos como personas depende de con quién nos relacionamos, en primer lugar, nuestras relaciones familiares nos definen, también nuestros amigos, los vínculos laborales, los contacto esporádicos o habituales… en definitiva las personas con las que pasamos tiempo y con las que compartimos cosas son las que constituyen el marco de referencia para percibir la realidad social.)

Los Servicios de Red Social (SRS) son plataformas digitales que permiten reproducir esas estructuras de relaciones en un espacio digital que sigue un diseño determinado (esto es importante, porque es el modo en que el diseñador del SRS proyecta sus propios conceptos de lo que es una red social en el entorno virtual, obligando a los usuarios a adaptarse a ese modelo y jugar con esas normas).

Y las Redes Sociales de Internet (RSI) son el resultado de esta utilización de los SRS para reproducir las relaciones sociales y para establecer otras nuevas. Aquello que comentaba más arriba sobre que la plataforma digital sólo cobra vida a través del uso es lo que constituye el fenómeno de las RSI, que emerge como resultado de la hibridación entre un elemento social (redes sociales) y otro tecnológico (servicios de Internet)

Hoy en día ya no considero tan importante destacar esa característica “de Internet” para diferenciarla de las redes sociales en sentido básico, precisamente debido a que esta hibridación es un resultado del propio devenir de la social que avanza hacia una incorporación masiva de las herramientas y recursos tecnológicos en la práctica cotidiana.

No obstante, sí recomiendo tener en cuenta esta diferencia cuando se habla de este fenómeno desde un punto de vista más reflexivo y analítico, pues se hace necesario recordar (insisto) que las “redes sociales” representan la estructura básica de cualquier sociedad, y que las RSI son una forma hipermoderna de configuración de estas redes sociales.

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Nota 1: Escribir Redes sociales con mayúscula también es una buena forma de establecer una diferencia, en el sentido de que se entiende que se trata de un fenómeno concreto y no del concepto general de redes sociales.

Nota 2: Técnicamente Twitter es un sistema de Microblogging. En la práctica se puede considerar como también como una RSI, pues permite establecer relaciones en red. Otro matiz que apareció hace unos meses a raíz de una conferencia 2.0 (lo siento, no recuerdo al ponente que lo dijo…) es la definición de Twitter como una Red de Información, un concepto que me parece aún más apropiado a la realidad de lo que sucede en esta plataforma: intercambios masivos de información dinámica y multidireccional.

Hace tiempo destacaba la diferencia entre las “redes sociales” como concepto sociológico que se refiere a las estructuras de relaciones que nos definen y nos construyen como sujetos, y las “redes sociales” como el nuevo fenómeno de las plataformas de comunicación en red, tipo Facebook o Twitter.

En base a esta diferencia, acuñaba el acrónimo RSI para hablar de las Redes Sociales de Internet y diferenciarlas de las redes sociales normales. Investigando la terminología en inglés, descubrí que los anglosajones hablan de Social Networking Services, algo que en español se traduciría por Servicos para crear redes sociales, o más sencillamente: Servicios de Red Social (SRS). Éste concepto es mucho más descriptivo y técnicamente más correcto para referirse a estas plataformas digitales que, después de todo, no son más que herramientas que sólo cobran vida cuando las llenamos de contenido.

Sin embargo, en la práctica lo más común es hablar tan sólo de “redes sociales” para referirse a este nuevo fenómeno, identificando la plataforma digital con los vínculos y las relaciones que se establecen en ellas. A propósito de esto, argumentaba que este mecanismo funciona como una forma de legitimación o naturalización de la función relacional de estas plataformas… es decir, que nos acostumbrábamos a pensar que nuestras redes de relaciones sólo existen y se materializan a través de estas herramientas digitales.

Esto, unido a la omnipresencia mediática del término “redes sociales” me hacia pensar en la necesidad de establecer una diferencia que definiera el lugar específico de este fenómeno: Internet. De ahí, el nombre Redes Sociales de Internet. Además, el recurso al acrónimo (necesario cuando hay que referirse a un concepto muchas veces en un mismo texto) de RSI remarca el carácter tecnológico y ‘sintético’ de este nuevo fenómeno.

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Los Social Media en las Revoluciones de los Países Árabes: Facebook en Túnez

Por Javier de Rivera

En un post anterior reflexionaba sobre el papel de las Redes sociales de Internet en las revoluciones árabes, centrándome en el caso de Egipto. En él argumentaba, entre otras cosas, que el porcentaje de usuarios de Facebook era tan bajo (6,7% el 1 de marzo) que resultaba imposible que hubiera tenido un papel predominante en la revolución democrática de Egipto.

Ayer tuve la oportunidad de asistir a la jornada Internet y las revoluciones sociales en el siglo XXI donde los ponentes aportaron una visión panorámica del papel de las nuevas tecnologías en los movimientos sociales. En conjunto, destacó la idea de que el principal actor de las revoluciones árabes es la gente que sale a la calle y no Internet, ni las redes sociales. Los nuevos media ayudan al facilitar la difusión de información, pero incluso en este caso es gracias a los activistas que las redes sociales pueden servir para estimular la conciencia social.

Entre todos los ponentes, el que más llamó la atención fue Sami Ben Gharbia, activista tunecino de Global Voices, entre otras cosas porque expuso una teoría muy interesante sobre el modo en que los nuevos media inciden en los movimientos sociales, por medio de una triangulación entre la redes sociales (los usuarios), los catalizadores de noticias (normalmente activistas, como Global Voices) y los medios de comunicación masivos (Al Jazeera, en particular).  Pero lo que me llamó especialmente la atención fue su relato sobre la importancia de Facebook en la revolución tunecina:

Al comienzo de las movilizaciones el gobierno tunecino decidió censurar la Red para cortar las vías de expresión subversiva, de modo que bloqueó el acceso a gran parte de las redes sociales y de contenidos como youtube, twitter, flicker, blogs, etc. Sin embargo, Facebook fue la única red que se mantuvo al margen de la censura, lo que  provocó que todo el contenido de protesta contra el régimen (videos, artículos, noticias, llamamientos, etc) migrara hacia esta plataforma.

En la práctica, nos cuenta Sami Ben, Facebook acabó siendo la única red social disponible, por lo que navegar por internet era navegar por Facebook (el sueño de Zuckerberg…).

Con esta decisión, la hegemonía de Facebook en la Red se convirtió en monopolio, al menos para los contenidos subversivos que fluyeron hacia ella para escapar de la censura. Esto hizo que una red social para enfocada al ocio y las relaciones sociales se convirtiera en una red subversiva y de protesta, lo cual ayudó también a difundir aún más ese material, al introducir a los activistas sociales en espacios de comunicación habitados por segmentos de la población alejados de la lucha política.

Según contó Sami Ben, la razón para que Facebook sobreviviera a la censura se remonta a 2008, cuando el gobierno censuró por primera vez el acceso a este Servicio de red social, provocando con ello las protestas de los usuarios haciendo que aumentara el descontento con el régimen y convirtiendo a ciudadanos normales en activistas o disidentes[1]. Esto se debe a lo que Sami Ben llamó The Cute Cat Theory: si niegas a la gente acceder a fotos de un gato lindo, se enfadan y sus opiniones se radicalizan, es decir, si quitas la diversión a la población, ésta se revuelve hacia la lucha social (o algo así).

Parece que esta mala experiencia en 2008 hizo que el gobierno represivo de Túnez evitara bloquear Facebook para no avivar aún más la rebelión contra el régimen. Rebelión que, por otro lado, ya estaba en marcha. Así que la estrategia de represión fue cerrarlo todo menos Facebook, como si la necesidad de acceso a esta red social fuera tan fuerte como para representar un agravante intolerable a la censura general de la Red.

“Pan y circo”

Esta es la máxima imperial romana para mantener al pueblo contento. En Túnez el pan ya estaba en cuestión debido a la crisis económica, el paro y la subida de los precios. Y según esta interpretación, Facebook representaría el papel del circo que mantiene entretenida a la gente. Algo similar al papel que pueden desempeñar el fútbol o las programas del corazón.

Siguiendo con esta analogía, el proceso que nos describe Sami Ben es similar a que el gobierno censurara los programas televisivos de debate político, de modo que la discusión política entrara en los programas del corazón (como en La Noria…), haciendo estos discursos más accesibles al público en general. O como si el gobierno cerrara las asociaciones de activistas y éstos tuvieran que reunirse en los locales de los clubs de fútbol, de lo cual surgiera una explosiva mezcla de holigans activistas.

La comparación es un poco burda, pero expresa la idea, aunque los medios sean diferentes: Facebook es un espacio más neutro de comunicación, más versátil y no tan dirigido. Es decir, se parece mucho a todas las demás redes sociales de Internet, siendo la comunicación parcelada por redes de contactos la única diferencia significativa, algo que no explica que la reticencia del gobierno a bloqueara respondiera a una cuestión estratégica:

En primer lugar, como estrategia de represión es bastante mala, pues concentra todos los discursos subversivos en una sola red. En segundo lugar, si ya se cerró Facebook en 2008 por su potencial movilizador y subversivo, ¿por qué no se contempla la necesidad de bloquearlo cuando las revueltas están en su punto álgido?  Una estrategia represiva puede ser torpe y pasar por alto determinados espacios, pero… ¿llegar al punto de temer las reacciones sociales por el bloqueo de Facebook en un contexto revolucionario?

Si eliminamos esta inexplicablemente mala estrategia represiva del antiguo régimen tunecino, tendremos que manejar la hipótesis de que Facebook pudo resistir el bloqueo debido a su fuerza corporativa, ya sea en el aspecto técnico (evitando de facto el bloqueo) o en el área de negociación, pues no sería extraño pensar que pudo haber negociaciones o “acciones diplomáticas” en 2008 cuando el gobierno bloqueó por primera vez el acceso a esta red social. Esta hipótesis resulta menos descabellada si tenemos en cuenta el poder de Facebook como lobby político y sus relaciones con el gobierno americano, algo de lo que habló Raed Jarrar, analista político y también ponente en las jornadas.

No es cuestión de dar rienda suelta a teorías conspiradoras, pero tampoco debemos conformarnos con relatos ingenuos de la situación, sino que debemos considerar las posibles hipótesis, junto con sus respectivos porcentajes de probabilidad y seguir al acecho de la verdad.


[1] Algo similar a lo que sucede es España con las leyes de propiedad intelectual, entre otras la Ley Sinde que ha generado un movimiento de protesta en las Red: #nolesvotes

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4 formas de acercarse al estudio-investigación de Redes sociales de Internet

Por Javier de Rivera

Cuando nos acercamos al estudio-investigación de las Redes sociales de Internet y de las nuevas tecnologías en general, podemos adoptar varios puntos de vista sobre el fenómeno, diferentes posiciones desde las que acercarnos a su comprensión. Por eso, lo primero es definir el marco de referencia conceptual que representa nuestro punto de partida, y después (a partir de él) encontrar los objetivos de nuestra investigación (o reflexión).

En este post me planteo, entre los muchos posibles,  4 marcos de referencia clave:

El Marketing – la lógica del mercado

Podemos acercanos desde el marketing y el interés de las redes y relaciones sociales en un contexto de consumo, así nos interesará cómo los SRS (Servicios de Redes Sociales como Facebook, Twitter, etc.) afectan al modo en que la gente gasta su dinero e invierte su tiempo. Daremos por sentado que el aumento de las posibilidades de mercado es lo principal, y que los actores sociales protagonistas son empresas por un lado y consumidores/clientes por otro lado. Algunos autores muy interesantes desde este tipo de enfoques son: Juan Boronat, Joan Jimenez, Victor Gil y Manuela Battaglini.

Los Communty Manager y todo el conocimiento relacionado con sus prácticas y filosofía son, por supuesto, una consecuencia natural del desarrollo del marketing en el entorno virtual, pues un Community Manager es el responsable de la comunicación institucional en SRS (servicios de redes sociales).

Sitúo esta área en primer lugar porque quizás es la vertiente más volátil y la que más fácilmente se difunde y fructifica. Es así puesto que el primer objetivo del marketing es ‘llegar a la gente’, atraer, convencer, tener repercusión social, seducir, etc, lo cual representa una incuestionable potencialidad comunicativa. Además, el consumo es una dimensión que marca el paso de nuestros hábitos y moldea nuestros deseos (no en vano los blogs de gadgets tecnológicos son de los más visitados).

La Psicología – la lógica del individualismo social

También podemos acercarnos desde las Psicología, una apasionante ciencia a caballo entre la medicina (en su vertiente psicobiológica) y las ciencias sociales, y que conecta además con todas las disciplinas de praxis social (como la educación, el trabajo social o el propio marketing). La principal característica de la psicología es su versatilidad multifacética: gracias a su individualismo metodológico (la mente humana es la mente del individuo) permite que sus conocimientos se apliquen en ámbitos muy diferentes, y que se puedan adaptar a muchos marcos de referencia, satisfaciendo casi cualquier necesidad/interés de investigación.

El coaching, por ejemplo, es una versión moderna (¿o posmoderna?) de la psico-terápia que tiene como objetivo mejorar las cualidades del individuo para lograr ‘aquello que se proponga’, lo cual suele referirse a tener ‘exito’ dentro de los parámetros socialmente definidos como aceptables y adecuados, lo cual incluye la exploración y explotación de las cualidades y capacidades personales, en aras de una mayor productividad personal y grupal. Mertxe Pasamontes puede ser un interesante referente en este sentido.

Otros enfoques más generalistas, se preocupan por investigar los efectos que tiene la popularización del uso de las nuevas tecnologías en la sociedad desde el punto de vista de la psique individual. En este ámbito, sin duda, destaca Nicholar Carr con su último libro sobre el nuevo modo de pensar que se desarrolla debido al uso masivo de SRS. Se trata de un conocimiento necesario, aunque no suficiente, sobre los efectos sociales de la interacción virtual en las Redes sociales de Internet. Desde sus planteamientos podemos obtener una perspectiva crítica, para entender mejor los cambios sociales en curso.

Otras disciplinas de praxis social – la lógica de la utilidad social

Junto con la psicología práctica (aplicada) y los conocimientos del marketing (paradigma de lo práctico) hay otras ciencias o disciplinas no menos importantes que éstas, cuyo sentido y orientación se centra en la búsqueda de utilidad social en relación al uso de la tecnológia. En este sentido, la educación es sin duda una de las principales áreas de interés: sobre ella descansa el desarrollo psico-social de niños y jóvenes (principalmente), la adquisición de competencias clave para la vida cívica y laboral, y la formación de subjetividades en sentido amplio y profundo. La educación es el molde con el que construimos el futuro.

Proyecto Facebook es quizás la iniciativa más destacada (al menos en castellano) sobre la investigación en torno a la forma en que los SRS (servicios de redes sociales), en concreto Facebook, afectan al modo en que aprendemos, nos relacionamos, percibimos la realidad social e participamos en su desarrollo. Su objetivo principal es “Experimentar nuevas rutinas de aprendizaje y enseñanza, asentadas en la creación colaborativa [...] que contribuya a la generación del conocimiento, estimular el desarrollo de habilidades técnicas y sociales básicas para participar en la sociedad contemporánea.”  Es decir, supera la perspectiva individualista de la psicología aplicada al proponer formas colaborativas y sistémicas de entender la realidad, en vistas a una orientación práctica: colaborar en el desarrollo social (“la riqueza está en la participación”).

De este proyecto también se hace eco Dolores Reig, una profesional de los Social Media y formadora en “Innovación social, entornos colaborativos, Dinamización de comunidades, redes sociales, Tendencias web, empresa 2.0, Social Media, Entornos Personales de Aprendizaje, Educación 2.0, Innovación educativa, Ciberculturas, etc…”. Desde este perfil tan polifacético se le puede considerar un referente de cualquier inquietud en torno a las Redes sociales de Internet desde un enfoque práctico.

Las Ciencias sociales – la lógica del conocimiento reflexivo

Por último, el acercamiento hacia el fenómeno de las Redes sociales en Internet desde una perspectiva de Ciencias sociales requiere de un cuestionamiento reflexivo (de-re-construcción) del marco de referencia desde el que observamos. Por Ciencias Sociales entiendo principalmente el triángulo formado por la Psicología (que nos conecta con la biología), la Socilogía y la Antropología, en torno a las cuales merodea siempre la inquietud filosófica por comprender el mundo y que nos invita a una reflexión de los presupuestos desde los que lo miramos.

La filosofía deriba en ciencia social cuando recurrimos a métodos de investigación y observación de la realidad, que nos permiten contrastar la reflexión con datos y resultados prácticos. Siendo la verdad inaccesible a la razón humana (noumeno), la ciencia social nos aporta mecanismos para tejer convicciones certeras (siempre revisables) que pueden ayudarnos a encontrar respuestas para afrontar el futuro.

Puede parecer que en Ciencias Sociales se trabaja desde enfoques ideológicamente sesgados, pero lo cierto es que existe un conocimiento acumulativo que supera los sesgos ideológicos (integrándolos, aceptándolos en su subjetividad), y que realmente puede aportar herramientas cognitivas desde las que desarrollar las interpretaciones y marcos de referencia para hacernos cargo del futuro de la sociedad.

En este sentido, se puede recomendar el libro “Cultura Digital y movimientos sociales” que es una muestra-resumen del trabajo realizado en torno al grupo de investigación Cibersomosaguas, donde desde diferentes puntos de vista se reflexiona y se investiga sobre la relación entre el ser humano, la sociedad y la tecnología. En esta obra se reúnen aportaciones de gran interés en lengua castellana.

Nota de descargo:

Este artículo está escrito desde un punto de vista personal y subjetivo, por lo que cualquier crítica o aportación en sentido contrario es bien recibida y apreciada. Los autores y obras que se recomiendan son una muestra parcial, y no pretenden ser representativas de todo el trabajo existente en estas áreas.

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Entrevista sobre jóvenes y Redes sociales

He de reconocer que últimamente me está resultado un poco difícil concentrarme para escribir un texto que merezca la pena publicar. Están sucediendo tantas cosas importantes (tristemente importantes) en el mundo que cuesta centrarme en otros temas, y por otro lado, tratarlas directamente desde una perspectiva de “redes sociales” resulta muy complejo. No obstante, de cuando en cuando las pregunas de periodistas y estudiantes me sirven como acicate para ordenar en forma sintéticas las ideas y temas sobre los que voy trabajando. Aqui está la transcripción de unas preguntas que me hicieron desde la agencia EFE:

¿Por qué son tan atractivas las redes sociales para los jóvenes y qué encuentran en ellas?

Los servicios de redes sociales ofrecen un sistema de comunicación a distancia más intensivo que el teléfono, que les permite estar conectados con sus amigos y compañeros de forma abierta y sincrónica. Las redes sociales ofrecen la ilusión de que se comparte un espacio (digitial) en el que interactúan y se relacionan como extensión a sus contactos en persona.

¿Cómo influyen las redes sociales en los jóvenes y en la sociedad en general?

La transferencia de las relaciones sociales al espacio virtual implica varias cosas: en primer lugar, supone aceptar los mecanismos de interacción propuestos por el Servicio de redes sociales (facebook, tuenti, etc) y adaptarse a ellos, de modo que dejamos que se defina unidireccionalmente la forma en que nos comunicamos por internet. De hecho, las empresas que llevan los servicios de redes sociales son reacias a adoptar cambios en función de lo que le solicita la gente.

En segundo lugar, la necesidad de crear un perfil implica una ‘cosificación’ de la persona, es decir, que la complejidad de una persona se reduce a una foto, una descripción, gustos, etc. Así, en cierto sentido tratamos con ‘perfiles’ en lugar de con ‘personas’. Es algo parecido a lo que sucede cuando en recursos humanos revisan currículos, pero trasladado a las relaciones personales. Por lo demás, la comunicación en entornos digitales implica la mediación de textos, fotos, etc. Es decir, la persona tiene que ‘crear’ contenidos para comunicarse, no vale simplemente con estar allí como sucede en las reuniones presenciales.

¿Problemas que se derivan de las redes sociales?

El problema principal es que el tiempo es limitado, de modo que cuanto más tiempo pasemos en ellas, menos dedicaremos a relacionarnos en persona o menos necesidad sentiremos de hacerlo. Entre los jóvenes, se dice que sólo usan las rsi en horarios en los que no pueden reunirse (p.e. por la noche, etc.), sin embargo, el hecho de tener esta posibilidad virtual reduce la presión/necesidad que se siente para salir y relacionarse. Asi que aunque las rsi (redes sociales de internet) abren nuevas y atractivas posibilidades, como buscar a gente que tenga tus mismos gustos, permitir que se relacione gente con dificultades o aumentar la autoestima (según algunos estudios…), también desincentiva el contacto más personal y directo (digan lo que digan los ‘evangelistas del 2.0′).

Además, también ‘educan’ a la gente que las utiliza (sean adultos o jóvenes) en una forma determinada de relacionarse, que como hemos dicho tiene aspectos positivos y negativos, pero que se trata de algo sobre lo que es necesario reflexionar, en vez de aceptar de forma acrítica las nuevas formas de relacionarse en los servicios de redes sociales.

Nota aclaratoria:

En este texto, utilizo el término Servicio de redes sociales (SRS) que se refiere a las plataformas como Facebook, Tuenti,etc (ver Wikipedia)  y también utilizo Redes sociales de Internet (RSI) para hablar también de estas plataformas, pero incluyendo la práctica que los usuarios hacen de ellas además del sistema o plataforma en sí mismo. Intentaré escribir un post sobre estas terminologías… comunmente se usa ‘redes sociales’ pero no es del todo correcto, ya que este es un concepto sociológico más amplio (ver Wikipedia).

Javier Rivera.

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